Soy Bárbara Sánchez. Este es el nombre de la que firma los contratos y paga los impuestos. Luego están las otras. Todas las que se han ido encarnando por el camino. No son distintas, no son fugas de identidad, sino posibilidades de ser que se han desplegado a lo largo del tiempo. Las otras vienen a desvelar fracturas y cambios de plano de un autorretrato imposible siempre borroso e inacabado. Desde los comienzos me he dedicado a observar mi reflejo. Ahí encuentro la necesidad: desde el otro lado, a veces aparece una llamada que es como una caída inevitable. Lo que precede al sentido es siempre el arrebato. Desde allí llegaron Isadora, La Pálida, Ella… Y desde allí llega ahora VáRVARA, la gurú del mistik bakala.

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“VáRVARA” es un solo.

O mejor dicho: “VáRVARA” es una sola. Una mujer sola en escena sosteniendo sobre su cuerpo toda la propuesta. Esta imagen clásica dentro de la historia de la danza, sirve de arranque para este proyecto de investigación escénica dedicado a explorar los límites entre coreografía y éxtasis.

Tomando como inspiración la idea de “coreopolítica” sugerida por André Lepecki, “VáRVARA” propone un acercamiento a la idea de arrebato. Arrebato como un impulso que libera el movimiento de cualquier control o vigilancia. Arrebato como la posibilidad de una coreografía libre. Y la libertad como mandato.

“VáRVARA” vuelve a ser un autorretrato. Pero esta vez desde el otro lado. “No hay éxtasis sin espanto” escribe Angélica Lidell. La experiencia de la unión, como sugiere José Ángel Valente, lleva a la disolución del sistema clásico que reduce el mundo a un sistema estéril de opuestos: ni hombre ni mujer; ni día ni noche; ni cielo ni tierra; ni loca ni cuerda . Y esa disolución, inevitablemente, lleva a encontrarnos de cara con lo otro, con lo que carece de nombre, con los monstruos, con el reflejo roto de lo que nunca fuimos. El espanto es el rostro que asoma desde el otro lado.

“VáRVARA” revisita la cultura sonora que floreció desde principios de los 80 en el Levante español y que se dio en llamar “música bacalao”. Más allá de la demonización posterior, este movimiento hizo aparecer una grieta de libertad que, más tarde, nos hemos ocupado de silenciar e ignorar a conciencia. Alrededor de aquella sonoridad eléctrica, radical y esencialmente afectiva, creció una cultura en la que el baile era la expresión de una posibilidad de resistencia y libertad. Una huida más allá de las lógicas del día y la noche. Un bailar hasta reventar.

La nostalgia es para los flojos. La melancolía para los sordos. “VáVARA” no echa de menos nada. Su piel es todo un oído. Ella sabe que “bacalao” es solo la puerta del arrebato. Su fé sigue siendo el éxtasis: la promesa de la unión definitiva. Arriba las almas. Ahora toca volver a gritar, volver a bailar hasta que aparezca la Otra, el Poder capaz de transformar la mirada y hacer que el pecho reviente de Amor.

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Dirección, coreografía e interpretación: Bárbara Sánchez
Dramaturgia en colaboración con: Jaime Conde-Salazar
Vestuario: Roberto Martínez
Diseño de iluminación: Benito Jiménez
Música: Sonido Valencia

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