“Som un col·lectiu format per l’Anna Rubirola, la Cecilia Colacrai i la Mireia de Querol. Treballem juntes perquè creiem en el potencial del pensament col·lectiu i ens interessa generar un llenguatge propi que resulti d’una visió múltiple i complexa de la realitat. Entenem l’escena com un terreny que ens permet desplegar el nostre imaginari, l’humor, l’error, el pensament crític, i el potencial evocador del llenguatge del cos.”

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Sobre O.V.N.I.

Por Tanya Beyeler

Desde siempre, la amenaza colonialista, esta dada por la intrusión “del otro” en el propio territorio, ha sido una de las mayores preocupaciones de las sociedades humanas. Más aún en el supuesto de una invasión por parte de una civilización, ya no solo desconocida, sino procedente de otros mundos. Con los avances tecnológicos, la amenaza procedente del espacio se ha convertido en una situación futura más que probable y casi tangible, que ha dado pie a una incontable variedad de materiales gráficos y literarios, instalados ya en el imaginario colectivo.

La palabra OVNI alude al arquetipo de esta amenaza que hace la invasión extraterrestre y el título de esta pieza se sirve de esta imagen de aparición fugaz y extraña de un cuerpo desconocido que proviene del espacio, para activar en escena una semiótica visual alrededor de los objetos. La provocación se manifiesta en la dicotomía que emerge entre el imaginario de excepcionalidad que sugiere el título de la obra, en contraposición con los elementos que, mediante un proceso de acumulación, se presentan en escena. Éstos, conforman un repertorio de objetos pequeños, cotidianos, previsibles, banales y con escaso valor, diseñados para fallar bajo el cálculo de la obsolescencia programada, objetos que se reproducen a gran escala en todo el mundo día tras día y que conforman el paisaje visual de pueblos y ciudades, donde una gran mayoría de individuos de este planeta viven. Un planeta, el nuestro, ocupado ya por una basta tribu de cuerpos inanimados, sin alma, vibrantes y ruidosos; hechos de plástico, fibras sintéticas, látex, aluminio, plomo y otros metales y compuestos químicos que, paradoxalmente, tardarán en desaparecer de este mundo mucho más que los cuerpos (y los nombres) de sus creadores.

Los objetos, entendidos como herramientas, se han ido perfeccionando en el tiempo, han aumentado en cantidad y variedad y, en teoría, han sido concebidos para servirnos y hacernos la vida más fácil. Pero si en un principio las herramientas fueron pensadas como una prolongación de la mano, ahora la evolución técnica les ha concedido un lugar en la categoría de objetos fundamentales, y en algunos casos hasta de culto. Como becerros de oro han abandonado el territorio de lo que es meramente utilitario para ocupar a su aire el mundo de las ideas, convirtiéndose así en imágenes abstractas que nos seducen con su especulación.

Bajo estos supuestos de delirio material, OVNI se plantea como una obra de danza que interroga cuál es el lugar del cuerpo y su utilidad como máquina orgánica, estructura sensible para relacionarse con el entorno y materia degradable que nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. La obra empieza poniendo en marcha un dispositivo efectista y fotográfico, casi promocional, de asociaciones visuales entre objetos y su relación funcional con el cuerpo humano. Rápidamente este vínculo persona-objeto se altera para iniciar un relato más confuso y tenso que fluctúa entre la simbiosis y el enfrentamiento entre cuerpos de distinta naturaleza. La escena, al principio concebida bajo una lógica expositiva, se convierte pronto en un campo de batalla donde se van acumulando ruinas, movimientos convulsos, palabras y gestos residuales e incompletos: despojos desperdigados de algo que fue una unidad, impulsados ahora hacia el vacío, abducidas, condenadas a seguir existiendo, buscando una nueva razón de ser.

La incógnita que desenfunda OVNI no reside tanto en la utilidad de los objetos como necesarios o no, sino en su sobreproducción; esta maquinaria incontenible y desligada que no para de escupir aparatos y gadgets y que, como una ola devastadora, ahora cualquier trazo natural de nuestra existencia ocupando nuestro espacio vital.

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Dirección: Colectivo Big Bouncers (Cecilia Colacrai, Mireia de Querol y Anna Rubirola)
Creación e interpretación: Cecilia Colacrai, Mireia de Querol , Anna Rubirola, Ursa Sekirnik
Colaboración artística: Tanya Beyeler
Textos: Big Bouncers y Tanya Beyeler
Voz en off: Tanya Beyeler
Diseño de iluminación: Joana Serra
Diseño del espacio escénico y objetos: Maria Alejandre
Diseño de vestuario: Jorge Dutor
Diseño de audio: Pablo Mo Ramírez
Vídeo y foto: Tristán Pérez Martín
Producción: Anna Bohigas
Coproducción: Festival Simògraf, Graner y Antic Teatre.
Con el apoyo de: La Visiva, Graner, Sharing&Moving/International Residencies, Festival Interplay, La Caldera, L’Estruch, L’Animal a l’Esquena, Festival Grec, OSIC.
Agradecimientos: Sergio Roca, Iris Heitzinger

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Viernes 9 habrá una actividad postfunción mediada por Agost Produccions al término de la función.

bigbouncers.wordpress.com